El renegado

Investido 

de horror

él era 

el heraldo negro

que les enviaba 

la Muerte.

Pero ¿que hizo

en lugar 

de cumplir

la misión

que ella

le encomendó

entre tantos

y tantos

poetas

en ciernes

como había

en la villa?

¿Qué fue 

lo que hizo?

Pues  abrir

los brazos

a la Vida y

enamorarse

de quien

exhalaba

mayor dulzura

entre ellos:

una joven poeta

con el seudónimo

de Blanca Luz.

¡Peor para él!

Implacable,

la Muerte

ahora tiene

sus ojos,

los dulces ojos

de Blanca Luz,

y se abate ya

sobre él.



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