La Laberintosa

  

Naufragios parecidos

y un resto de pundonor

o de vergüenza               

los había reunido

en ese lugar.

Aunque señalados

por el desastre pasado

ambos recalaron allí

para tentar

un nuevo norte,

una segunda

o una tercera oportunidad

de empezar

de nuevo

 

¿Qué podían hacer                                

el uno por el otro?

Nada. Pero

en sucesivas tardes

peripatéticas

acertaron a conocerse

un poco: 

ella era de Cajamarca,

él de Barranca.

Dos provincianos

como tantos otros

sobreviviendo

en ese megatugurio

llamado Lima

Él no tenia

la experiencia

de la solidaridad

ni del amor,

pero insistía                   

en hablarle a ella

del amor

y la revolución

universales.

Ella en cambio

sí tenía esas experiencias

pero acaso decepcionada

de las mismas

solo parecía alentar

un creciente escepticismo

en su corazón.

 

Lo cierto es que

ninguno de los dos

estaba bien.                   

Pudo haber sido cualquiera,

pero fue ella,

con su pelo corto

muy corto                                          

y de brío apagado,

quien no pudo

sostener

esa nueva apuesta

y desapareció.

 

Ilusión de ilusiones

de otras ilusiones,

él continuó adelante,

pero solo

para volver a ser

lo que había sido                                            

años antes:

un enamorado                                                     

impenitente y bufo

mientras seguía                                                  

deslizándose

espectralmente

en algunas marchas,

en algunos plantones

de protesta

y abundaba en la ilusión

de ser parte de estas

cuando no

del movimiento

popular y revolucionario.

 

Y fue

en una marcha de esas

que, tiempo después,

volvió a coincidir con ella.                     

Pero no, ella

ya no era

la misma persona:

en plena posesión

de sí misma,

tenía el cabello largo

y radiante

y sus puntas parecían

electrizadas

por el activismo

incesante

que desplegaba.

La política

y el arte

eran la dos dimensiones

de su praxis

infatigable

y en el movimiento popular

ya se le conocía con cariño

como la Laberintosa

Y con ese

nombre o alias

un día de diciembre                                  

del año 2024

la sorprendió la muerte:

el vehículo

que la llevaba

junto a otros activistas

volcó en un camino

en las alturas

del Cuzco

¡pero lo consiguió!

Ella, Mery                                                                      

lo consiguió:

nacer de nuevo

a la vida,

como la Laberintosa                    

¡su transfiguración

por la solidaridad

y el amor

universales!

La transfiguración

última y definitiva                               

antes de entrar 

en la memoria invicta

de nuestro pueblo.

La Laberintosa

   Naufragios parecidos y un resto de pundonor o de vergüenza                 los había reunido en ese lugar. Aunque señalados ...